(Asun salió de las oficinas de
Químicas Blasco un par de horas después de haber recibido la visita de Héctor
quien se había presentado en el despacho donde ella ejercía las funciones de
secretaria, para robarle unos besos de forma furtiva. Aunque la escena le
pareció al principio un poco embarazosa pues temía que a sus jefes no les
sentara muy bien que el que iba a ser de nuevo su marido se presentara allí por
sorpresa y en actitud tan melosa y cariñosa, finalmente aceptó quedarse a solas
con Héctor un momento para corresponderle como merecía. Aquella mañana durante
el desayuno, había aceptado la propuesta de matrimonio de Héctor y había
aceptado hacer ese viaje a París con él siempre y cuando se cumplieran dos
condiciones: la primera era que ese viaje sería su luna de miel, y la segunda
es que harían ese viaje los dos solos, sin su hijo Jesús, ya que sería el viaje
soñado más romántico de sus vidas. Asun no dejaba de pensar en ese viaje por la
ilusión que le hacía y así se lo repetía a sus amigas y compañeras de trabajo.
Habían sido unos meses muy duros lejos de Héctor, pero por fin todo lo que les
estaba pasando ahora y esa nueva oportunidad que se habían dado le causaba una
alegría mayúscula. Asun estaba feliz y no dudaba en demostrarlo abiertamente.
Al principio había tenido sus dudas y reticencias respecto a darle una nueva
oportunidad al que hasta hace unos meses había sido su marido, tenía miedo a
volver a fracasar y a que ambos pudieran volver a decepcionarse mutuamente,
pero los últimos acontecimientos sufridos a raíz de la enfermedad de Bonilla
tras el atentado sufrido y el tiempo que habían pasado juntos, le habían hecho
darse cuenta de que Héctor realmente merecía la pena y que los dos merecían
esta segunda oportunidad. No estaba segura de como resultaría, pero lo que
tenía muy claro y eso le daba mucha confianza es que sólo quería estar al lado
de Héctor y compartir con él todos sus pensamientos, sus vivencias y sus
sueños.)
(La primera vez que se besaron de
nuevo apasionadamente en el salón tras meses de distanciamiento, discusiones y
reproches mutuos, Asunción tenía mucho miedo, pero las sinceras palabras de
Héctor la confortaron al instante y sus besos eran tan maravillosos que
lograban borrar de su memoria los malos recuerdos, aflorando solamente los
buenos. Asun creía firmemente en una reconciliación y estaba dispuesta a luchar
con uñas y dientes por recuperar lo que ambos habían sido el uno para el otro. Cuando
un par de noches después, ella le pidió que se quedara para siempre en casa a
vivir, tenía la certeza de que ese era el sitio donde Héctor debía estar, junto
a ella y junto a Jesús. Héctor tenía miedo de forzar las cosas pero en el fondo
estaba deseando quedarse junto a ella y compartir de nuevo esa cama que a Asun
se le había hecho tan enorme y tan fría en los últimos meses).
(Aquella noche fue simplemente
maravillosa y el despertar fue aún mejor. Los dos se habían entregado el uno al
otro y habían dado rienda suelta a su pasión. Parecían dos locos enamorados
ávidos de deseo, incapaces de contener sus ganas de amarse como si no fuera a
haber un mañana. Querían aprovechar todo el tiempo malgastado y no escatimaron
en besos, abrazos y caricias perdiéndose el uno dentro del otro. Cuando al
amanecer, Asun dormía profundamente, Héctor la observaba con dulzura desde su
lado de la cama. Lo primero que Asun encontró nada más abrir sus ojos con la
claridad del día fueron los besos de Héctor recorriendo su cuello y sus
deliciosas caricias acompañadas de dulces palabras de amor. Asun se levantó con
una sonrisa, sabiendo que ese era el mejor regalo que podía hacerle a Héctor.
Él siempre la decía que debía sonreír más a menudo porque cuando lo hacía se
ponía preciosa y se prometió a sí misma que a partir de ahora seguiría su
consejo a pies juntillas, estaba decidida a disfrutar más del día a día y de
las pequeñas cosas ahora que había conseguido alcanzar de nuevo la felicidad
plena y ya estaba cansada de perder su tiempo en nimiedades que no llevaban a
ninguna parte. Ya en el salón antes del desayuno, Héctor no paraba de besarla y
acariciarla de forma repetida, tenía tanta energía y buen humor que casi tuvo
que quitárselo de encima para poder preparar el desayuno)
(También fue una buena noticia para
el pequeño Jesús que sus padres volvieran a estar juntos después de tantos
meses distanciados. Para Jesús la presencia de su padre en casa era garantía de
juegos y cuentos diarios y sólo se sentía seguro cuando su padre le arropaba
por las noches y le leía una de esas historias fantásticas en las que el malo era
derrotado por el bueno. En los últimos días había notado a su madre mucho más
sonriente y feliz que de costumbre y aunque aún era muy pequeño e inocente,
sabía que la vuelta de su padre a casa debía tener mucho que ver con aquel
cambio observado).
(La mañana en la que Asun aceptó la
propuesta de matrimonio de Héctor y le hizo prometer que la llevaría a París de
luna de miel, Héctor había citado por la noche a Asun en el despacho con la
firme promesa de entregarle ese anillo tan caro que le había comprado en una
joyería. Todo estaba preparado allí con una buena botella de champagne del caro
y unas copas reservadas para la ocasión. Héctor también le había comprado
flores, concretamente claveles pues como él mismo decía siempre, era muy de
Madrid y a Asun siempre le habían gustado. Héctor apagó la luz y encendió unas
velas para hacer la estancia más acogedora y romántica si cabe).
(Asun salió de la oficina y se
encontró con Bonilla en la plaza. Su fiel amigo al que Héctor consideraba como
su hermano y Jesús como su tío, estaba ya muy recuperado tras el fatal atentado
sufrido en el que llegó a perder la visión, milagrosamente recuperada gracias
al trabajo de los médicos especialistas en la materia quienes le dieron una
nueva oportunidad de disfrutar de la vida. Bonilla también se había prometido a
sí mismo en sacar todo el partido posible a la vida y disfrutaba como un niño
redescubriendo todas aquellas pequeñas cosas que se había perdido durante el
tiempo en que sus ojos estuvieron sumidos en la más profunda oscuridad. También
disfrutaba viendo como sus dos mejores amigos habían conseguido reconducir su
relación. Asun y Héctor eran para él la familia que nunca había tenido y su
mayor satisfacción era verles absolutamente enamorados. Por eso no pudo negarse
y de hecho aceptó encantado cuando Asun le comunicó que contaba con que él
fuera el padrino de su nueva boda donde renovaría sus votos con Héctor y donde
juntos retomarían su historia de amor. Por esa razón, decidió acompañar a Asun
al despacho donde ella había quedado con Héctor aunque realmente no sabía
exactamente que es lo que se iba a encontrar cuando llegara).
(Asun abrió la puerta del despacho
con la llave que llevaba encima y comprobó que todo el despacho estaba en
penumbra apenas levemente iluminado por unas tímidas velas que brillaban sobre
la camarera. Junto a ellas unas copas de champagne y una botella sin abrir
esperaban su momento)
Asun: ¡Héctor…! ¿estás ahí…?
¡cariño… ya estoy aquí…!
(Héctor salió del interior del
despacho y comprobó que Asun venía acompañada por Bonilla)
Héctor: Ah… habéis venido los dos
juntos… estupendo… así brindaremos todos por nuestra felicidad… pasad y poneros
cómodos por favor…
(Héctor besó a Asun de nuevo y se
abrazó a Bonilla efusivamente)
Asun: Ya veo que tienes preparadas
las copas y todo…
Héctor: Por supuesto, será una
celebración por todo lo alto, aunque muy íntima, solo nosotros tres solos, sin
nadie que nos moleste…
Asun: Le estaba diciendo a Bonilla…
bueno, más bien le estaba suplicando que fuera nuestro padrino de boda… como yo
no tengo aquí a mis padres ni a mi hermano, he pensado que él es la persona
ideal para que me acompañe en ese día tan especial…
Héctor: Me parece una gran idea,
cariño… ¿y tú que dices, amigo…?
Bonilla: Si te digo la verdad me
hace mucha ilusión, amigo…
Héctor: ¡Ven a mis brazos, hermano…!
(Los dos amigos vuelven a abrazarse
efusivamente ante las carcajadas de Asun que disfruta enormemente al verles de
tan buen humor)
Héctor: Y ahora vamos a brindar…
(Héctor sirve champagne en las copas
y los tres brindan alegremente por la felicidad y el futuro)
Bonilla: Bueno, y yo ahora si me lo
permitís, me retiro y os dejo solos que seguro que los dos tortolitos querreís
disfrutar de un poco de intimidad…
Héctor: Espérate un momento, hombre…
que tengo que hacer una cosa importante y quiero que tú seas testigo…
(Asun y Bonilla se miran
sorprendidos mientras Héctor introduce su mano en el bolsillo derecho
extrayendo de su interior una cajita de la cual Bonilla ya conoce su contenido
puesto que Héctor se lo ha mostrado esta misma mañana)
Héctor: Esta es la cosa importante
que quería hacer antes en tu oficina, pero luego he pensado que era mejor
hacerlo en privado…
(Héctor se pone de rodillas y abre
la cajita ante la mirada boquiabierta de Asunción que observa el anillo que
brilla en su interior)
Asun: ¡Héctor… Dios mío… es
precioso…! ¡no tenías por qué…! esto tiene que haberte costado una fortuna…
Héctor: Nada comparado con lo que tú
te mereces, mi amor… solo deseo decirte que te amo, que te necesito y que
quiero que te cases conmigo… (le entrega también el ramo de claveles rojos)
Asun: (con los ojos brillantes de la
emoción) Sí quiero… quiero casarme contigo Héctor Perea y quiero irme contigo a
París y volver a ser la mujer más feliz del mundo junto al hombre que amo… y
quiero tenerte a mi lado siempre…
Héctor: Te prometo que todo va a ser
diferente esta vez, y que vamos a ser muy felices y yo voy a poner todo de mi
parte para no decepcionarte de nuevo, vas a poder confiar en mí siempre porque
nunca jamás habrá secretos entre tú y yo…
Asun: Eso espero… yo también te
prometo que te lo contaré todo… la base de nuestra nueva relación a partir de
ahora será la sinceridad y la confianza plena el uno en el otro…
Héctor: Por supuesto… me ha costado
mucho llegar hasta aquí y ganarme tu confianza para que aceptaras darme una
nueva oportunidad y voy a aprovecharla…
Asun: (poniéndose el anillo) Es tan
bonito… gracias, de verdad… gracias… ¿lo has visto ya Bonilla…?
Bonilla: Sí, desde luego, tu marido
me lo ha enseñado esta mañana y doy fe que le tiene que haber costado un ojo de
la cara… yo ya le he dicho que no pienso cederle los míos… bastante me ha
costado recuperarlos…
Asun: (riéndose, se abraza a
Bonilla) Eres el mejor amigo que alguien puede tener…es una gran suerte poder
contar contigo para todo… eres de la familia, Bonilla y ya sabes que aquí nos
tienes para todo lo que necesites… siempre…
Bonilla: Lo sé, con vosotros tengo
mucha suerte, sois las mejores personas de las que uno se puede rodear, de
verdad, os debo mucho y ya sabéis que podéis seguir contando conmigo para lo
que queráis…
Héctor: Lo sabemos, amigo… y solo
deseo que algún día encuentres a esa mujer especial que te de todo el cariño
que necesitas, ojalá tengas la misma suerte que he tenido yo con Asun…
Asun: Seguro que la encontrarás,
Bonilla, te mereces ser tan feliz o más como yo lo soy ahora junto a Héctor…
Bonilla: Gracias chicos… sé que me
queréis bien y que lo deseáis de corazón pero yo no sé si lo tengo tan claro…
Héctor: Que sí hombre que sí… ya
verás como muy pronto estaremos aquí los tres celebrando tu historia de amor
con una mujer que merezca la pena de verdad y que te quiera como tú necesitas…
Bonilla: Ojalá… y yo ahora ya sí que
me voy… os dejo solos que ahora tenéis mucho que celebrar… nos vemos mañana…
Asun: Claro que sí… que descanses y
que pases buena noche, Bonilla…
Héctor: Buenas noches, amigo… hasta
mañana…
Bonilla: Adiós…
(Bonilla abandona el despacho y deja
a nuestra feliz pareja disfrutando del momento mágico en ese ambiente tan
especial que Héctor ha querido crear para sorprender a su esposa)
(Héctor y Asun beben de sus copas
acompañadas de unos cuantos aperitivos que Héctor ha preparado con la ayuda de
Marcelino. Cuando terminan de cenar, los dos se quedan contemplándose mutuamente
en el pequeño sofá del despacho haciendo manitas)
Asun: (acariciando el cabello de
Héctor) ¿Puedo hacerte una pregunta…?
Héctor: Claro, lo que quieras, dime…
Asun: ¿Qué ves cuando me miras…?
Héctor: Puff… eso es una pregunta
difícil de responder, la verdad…
Asun: ¿Por qué…?
Héctor: Porque probablemente
necesitaría varios días para responder a eso… se me ocurren tantas cosas que se
me hace difícil resumirlas en una sola frase…
Asun: Me gustaría que lo intentaras…
Héctor: Está bien… (coge la mano de
Asun) lo primero que veo es a una mujer hermosa, la más hermosa y atractiva de
cuantas haya visto en mi vida…una mujer fuerte, dispuesta a luchar con uñas y
dientes por aquello en lo que cree justo, gran defensora de la verdad por
encima de todo y muy valiente…
Asun: ¿En serio crees que soy
valiente…?
Héctor: Por supuesto… siempre has
demostrado tener redaños suficientes para enfrentarte tú sola al peligro y para
exponerte a los riesgos…
Asun: Pero también he tenido mucho
miedo y muchas dudas…
Héctor: Pues claro, pero es que para
ser valiente hay que tener miedo y superarlo y tú lo has hecho con creces en
multitud de ocasiones…además eres la mejor madre para nuestro hijo y si Dios
quiere para los futuros hijos que podamos tener…
Asun: ¿De verdad quieres que
tengamos más hijos…?
Héctor: Sólo si tú quieres… a mí me
encantaría y me gustaría que nos mudáramos a un piso más grande para poder
tener más espacio, pero siempre respetaré tu decisión… porque tú eres lo más
importante para mí y lo mejor que me ha pasado en la vida y no soportaría
volver a perderte… en estos últimos meses lo único que deseaba era volver a tu
lado, recuperar tu confianza y ganarme de nuevo tu cariño y tu respeto…
Asun: (acariciando a Héctor) Y lo
has demostrado con creces, cariño… me has demostrado que puedo volver a confiar
en ti y te has ganado de nuevo mi respeto y mi admiración y eso es mucho más de
lo que yo podía esperar hace unos meses… por eso decidí darte esta oportunidad
y ya veo que no la has desaprovechado…
Héctor: Ni pienso hacerlo jamás…
lucharé por conservar lo que tenemos, lo que hemos construido y seguiremos
construyendo juntos, y solo deseo estar contigo el resto de mi vida…
Asun: (emocionada, besa a Héctor) Y
yo, Héctor… te quiero mucho…mucho… y ahora nos casaremos y nos iremos de luna
de miel a París y encargaremos un hermanito para Jesús, y nos mudaremos a un
piso más grande…
Héctor: ¿Y si en vez de un hermanito
es una hermanita…?
Asun: (riéndose) Lo que tú quieras,
mi amor… lo que tenga que ser será siempre que sea a tu lado… yo tampoco quiero
volver a perderte nunca… nunca… sólo me siento segura cuando estoy contigo… y
ahora vámonos ya para casa que quiero enseñarte algo importante que te va a
gustar… yo también tengo una pequeña sorpresa reservada para ti…
Héctor: ¿De verdad…?
Asun: Claro… pero tendrás que
esperar a llegar a casa para poder verlo y disfrutarlo…
Héctor: Lo estoy deseando…
(La feliz pareja vuelve a besarse
muy emocionada y posteriormente recogen sus cosas para marcharse a casa y
volver a disfrutar juntos de una noche llena de magia y pasión donde ambos
volverán a demostrarse lo mucho que se quieren y lo mucho que les queda aún por
amarse).