lunes, 20 de octubre de 2014

La pedida de Héctor y Asun (Junio 1963)


(Asun salió de las oficinas de Químicas Blasco un par de horas después de haber recibido la visita de Héctor quien se había presentado en el despacho donde ella ejercía las funciones de secretaria, para robarle unos besos de forma furtiva. Aunque la escena le pareció al principio un poco embarazosa pues temía que a sus jefes no les sentara muy bien que el que iba a ser de nuevo su marido se presentara allí por sorpresa y en actitud tan melosa y cariñosa, finalmente aceptó quedarse a solas con Héctor un momento para corresponderle como merecía. Aquella mañana durante el desayuno, había aceptado la propuesta de matrimonio de Héctor y había aceptado hacer ese viaje a París con él siempre y cuando se cumplieran dos condiciones: la primera era que ese viaje sería su luna de miel, y la segunda es que harían ese viaje los dos solos, sin su hijo Jesús, ya que sería el viaje soñado más romántico de sus vidas. Asun no dejaba de pensar en ese viaje por la ilusión que le hacía y así se lo repetía a sus amigas y compañeras de trabajo. Habían sido unos meses muy duros lejos de Héctor, pero por fin todo lo que les estaba pasando ahora y esa nueva oportunidad que se habían dado le causaba una alegría mayúscula. Asun estaba feliz y no dudaba en demostrarlo abiertamente. Al principio había tenido sus dudas y reticencias respecto a darle una nueva oportunidad al que hasta hace unos meses había sido su marido, tenía miedo a volver a fracasar y a que ambos pudieran volver a decepcionarse mutuamente, pero los últimos acontecimientos sufridos a raíz de la enfermedad de Bonilla tras el atentado sufrido y el tiempo que habían pasado juntos, le habían hecho darse cuenta de que Héctor realmente merecía la pena y que los dos merecían esta segunda oportunidad. No estaba segura de como resultaría, pero lo que tenía muy claro y eso le daba mucha confianza es que sólo quería estar al lado de Héctor y compartir con él todos sus pensamientos, sus vivencias y sus sueños.)

(La primera vez que se besaron de nuevo apasionadamente en el salón tras meses de distanciamiento, discusiones y reproches mutuos, Asunción tenía mucho miedo, pero las sinceras palabras de Héctor la confortaron al instante y sus besos eran tan maravillosos que lograban borrar de su memoria los malos recuerdos, aflorando solamente los buenos. Asun creía firmemente en una reconciliación y estaba dispuesta a luchar con uñas y dientes por recuperar lo que ambos habían sido el uno para el otro. Cuando un par de noches después, ella le pidió que se quedara para siempre en casa a vivir, tenía la certeza de que ese era el sitio donde Héctor debía estar, junto a ella y junto a Jesús. Héctor tenía miedo de forzar las cosas pero en el fondo estaba deseando quedarse junto a ella y compartir de nuevo esa cama que a Asun se le había hecho tan enorme y tan fría en los últimos meses).

(Aquella noche fue simplemente maravillosa y el despertar fue aún mejor. Los dos se habían entregado el uno al otro y habían dado rienda suelta a su pasión. Parecían dos locos enamorados ávidos de deseo, incapaces de contener sus ganas de amarse como si no fuera a haber un mañana. Querían aprovechar todo el tiempo malgastado y no escatimaron en besos, abrazos y caricias perdiéndose el uno dentro del otro. Cuando al amanecer, Asun dormía profundamente, Héctor la observaba con dulzura desde su lado de la cama. Lo primero que Asun encontró nada más abrir sus ojos con la claridad del día fueron los besos de Héctor recorriendo su cuello y sus deliciosas caricias acompañadas de dulces palabras de amor. Asun se levantó con una sonrisa, sabiendo que ese era el mejor regalo que podía hacerle a Héctor. Él siempre la decía que debía sonreír más a menudo porque cuando lo hacía se ponía preciosa y se prometió a sí misma que a partir de ahora seguiría su consejo a pies juntillas, estaba decidida a disfrutar más del día a día y de las pequeñas cosas ahora que había conseguido alcanzar de nuevo la felicidad plena y ya estaba cansada de perder su tiempo en nimiedades que no llevaban a ninguna parte. Ya en el salón antes del desayuno, Héctor no paraba de besarla y acariciarla de forma repetida, tenía tanta energía y buen humor que casi tuvo que quitárselo de encima para poder preparar el desayuno)

(También fue una buena noticia para el pequeño Jesús que sus padres volvieran a estar juntos después de tantos meses distanciados. Para Jesús la presencia de su padre en casa era garantía de juegos y cuentos diarios y sólo se sentía seguro cuando su padre le arropaba por las noches y le leía una de esas historias fantásticas en las que el malo era derrotado por el bueno. En los últimos días había notado a su madre mucho más sonriente y feliz que de costumbre y aunque aún era muy pequeño e inocente, sabía que la vuelta de su padre a casa debía tener mucho que ver con aquel cambio observado).

(La mañana en la que Asun aceptó la propuesta de matrimonio de Héctor y le hizo prometer que la llevaría a París de luna de miel, Héctor había citado por la noche a Asun en el despacho con la firme promesa de entregarle ese anillo tan caro que le había comprado en una joyería. Todo estaba preparado allí con una buena botella de champagne del caro y unas copas reservadas para la ocasión. Héctor también le había comprado flores, concretamente claveles pues como él mismo decía siempre, era muy de Madrid y a Asun siempre le habían gustado. Héctor apagó la luz y encendió unas velas para hacer la estancia más acogedora y romántica si cabe).

(Asun salió de la oficina y se encontró con Bonilla en la plaza. Su fiel amigo al que Héctor consideraba como su hermano y Jesús como su tío, estaba ya muy recuperado tras el fatal atentado sufrido en el que llegó a perder la visión, milagrosamente recuperada gracias al trabajo de los médicos especialistas en la materia quienes le dieron una nueva oportunidad de disfrutar de la vida. Bonilla también se había prometido a sí mismo en sacar todo el partido posible a la vida y disfrutaba como un niño redescubriendo todas aquellas pequeñas cosas que se había perdido durante el tiempo en que sus ojos estuvieron sumidos en la más profunda oscuridad. También disfrutaba viendo como sus dos mejores amigos habían conseguido reconducir su relación. Asun y Héctor eran para él la familia que nunca había tenido y su mayor satisfacción era verles absolutamente enamorados. Por eso no pudo negarse y de hecho aceptó encantado cuando Asun le comunicó que contaba con que él fuera el padrino de su nueva boda donde renovaría sus votos con Héctor y donde juntos retomarían su historia de amor. Por esa razón, decidió acompañar a Asun al despacho donde ella había quedado con Héctor aunque realmente no sabía exactamente que es lo que se iba a encontrar cuando llegara).

(Asun abrió la puerta del despacho con la llave que llevaba encima y comprobó que todo el despacho estaba en penumbra apenas levemente iluminado por unas tímidas velas que brillaban sobre la camarera. Junto a ellas unas copas de champagne y una botella sin abrir esperaban su momento)

Asun: ¡Héctor…! ¿estás ahí…? ¡cariño… ya estoy aquí…!

(Héctor salió del interior del despacho y comprobó que Asun venía acompañada por Bonilla)

Héctor: Ah… habéis venido los dos juntos… estupendo… así brindaremos todos por nuestra felicidad… pasad y poneros cómodos por favor…

(Héctor besó a Asun de nuevo y se abrazó a Bonilla efusivamente)

Asun: Ya veo que tienes preparadas las copas y todo…
Héctor: Por supuesto, será una celebración por todo lo alto, aunque muy íntima, solo nosotros tres solos, sin nadie que nos moleste…
Asun: Le estaba diciendo a Bonilla… bueno, más bien le estaba suplicando que fuera nuestro padrino de boda… como yo no tengo aquí a mis padres ni a mi hermano, he pensado que él es la persona ideal para que me acompañe en ese día tan especial…
Héctor: Me parece una gran idea, cariño… ¿y tú que dices, amigo…?
Bonilla: Si te digo la verdad me hace mucha ilusión, amigo…
Héctor: ¡Ven a mis brazos, hermano…!

(Los dos amigos vuelven a abrazarse efusivamente ante las carcajadas de Asun que disfruta enormemente al verles de tan buen humor)

Héctor: Y ahora vamos a brindar…

(Héctor sirve champagne en las copas y los tres brindan alegremente por la felicidad y el futuro)

Bonilla: Bueno, y yo ahora si me lo permitís, me retiro y os dejo solos que seguro que los dos tortolitos querreís disfrutar de un poco de intimidad…
Héctor: Espérate un momento, hombre… que tengo que hacer una cosa importante y quiero que tú seas testigo…

(Asun y Bonilla se miran sorprendidos mientras Héctor introduce su mano en el bolsillo derecho extrayendo de su interior una cajita de la cual Bonilla ya conoce su contenido puesto que Héctor se lo ha mostrado esta misma mañana)

Héctor: Esta es la cosa importante que quería hacer antes en tu oficina, pero luego he pensado que era mejor hacerlo en privado…

(Héctor se pone de rodillas y abre la cajita ante la mirada boquiabierta de Asunción que observa el anillo que brilla en su interior)

Asun: ¡Héctor… Dios mío… es precioso…! ¡no tenías por qué…! esto tiene que haberte costado una fortuna…
Héctor: Nada comparado con lo que tú te mereces, mi amor… solo deseo decirte que te amo, que te necesito y que quiero que te cases conmigo… (le entrega también el ramo de claveles rojos)
Asun: (con los ojos brillantes de la emoción) Sí quiero… quiero casarme contigo Héctor Perea y quiero irme contigo a París y volver a ser la mujer más feliz del mundo junto al hombre que amo… y quiero tenerte a mi lado siempre…
Héctor: Te prometo que todo va a ser diferente esta vez, y que vamos a ser muy felices y yo voy a poner todo de mi parte para no decepcionarte de nuevo, vas a poder confiar en mí siempre porque nunca jamás habrá secretos entre tú y yo…
Asun: Eso espero… yo también te prometo que te lo contaré todo… la base de nuestra nueva relación a partir de ahora será la sinceridad y la confianza plena el uno en el otro…
Héctor: Por supuesto… me ha costado mucho llegar hasta aquí y ganarme tu confianza para que aceptaras darme una nueva oportunidad y voy a aprovecharla…
Asun: (poniéndose el anillo) Es tan bonito… gracias, de verdad… gracias… ¿lo has visto ya Bonilla…?
Bonilla: Sí, desde luego, tu marido me lo ha enseñado esta mañana y doy fe que le tiene que haber costado un ojo de la cara… yo ya le he dicho que no pienso cederle los míos… bastante me ha costado recuperarlos…
Asun: (riéndose, se abraza a Bonilla) Eres el mejor amigo que alguien puede tener…es una gran suerte poder contar contigo para todo… eres de la familia, Bonilla y ya sabes que aquí nos tienes para todo lo que necesites… siempre…
Bonilla: Lo sé, con vosotros tengo mucha suerte, sois las mejores personas de las que uno se puede rodear, de verdad, os debo mucho y ya sabéis que podéis seguir contando conmigo para lo que queráis…
Héctor: Lo sabemos, amigo… y solo deseo que algún día encuentres a esa mujer especial que te de todo el cariño que necesitas, ojalá tengas la misma suerte que he tenido yo con Asun…
Asun: Seguro que la encontrarás, Bonilla, te mereces ser tan feliz o más como yo lo soy ahora junto a Héctor…
Bonilla: Gracias chicos… sé que me queréis bien y que lo deseáis de corazón pero yo no sé si lo tengo tan claro…
Héctor: Que sí hombre que sí… ya verás como muy pronto estaremos aquí los tres celebrando tu historia de amor con una mujer que merezca la pena de verdad y que te quiera como tú necesitas…
Bonilla: Ojalá… y yo ahora ya sí que me voy… os dejo solos que ahora tenéis mucho que celebrar… nos vemos mañana…
Asun: Claro que sí… que descanses y que pases buena noche, Bonilla…
Héctor: Buenas noches, amigo… hasta mañana…
Bonilla: Adiós…

(Bonilla abandona el despacho y deja a nuestra feliz pareja disfrutando del momento mágico en ese ambiente tan especial que Héctor ha querido crear para sorprender a su esposa)

(Héctor y Asun beben de sus copas acompañadas de unos cuantos aperitivos que Héctor ha preparado con la ayuda de Marcelino. Cuando terminan de cenar, los dos se quedan contemplándose mutuamente en el pequeño sofá del despacho haciendo manitas)

Asun: (acariciando el cabello de Héctor) ¿Puedo hacerte una pregunta…?
Héctor: Claro, lo que quieras, dime…
Asun: ¿Qué ves cuando me miras…?
Héctor: Puff… eso es una pregunta difícil de responder, la verdad…
Asun: ¿Por qué…?
Héctor: Porque probablemente necesitaría varios días para responder a eso… se me ocurren tantas cosas que se me hace difícil resumirlas en una sola frase…
Asun: Me gustaría que lo intentaras…
Héctor: Está bien… (coge la mano de Asun) lo primero que veo es a una mujer hermosa, la más hermosa y atractiva de cuantas haya visto en mi vida…una mujer fuerte, dispuesta a luchar con uñas y dientes por aquello en lo que cree justo, gran defensora de la verdad por encima de todo y muy valiente…
Asun: ¿En serio crees que soy valiente…?
Héctor: Por supuesto… siempre has demostrado tener redaños suficientes para enfrentarte tú sola al peligro y para exponerte a los riesgos…
Asun: Pero también he tenido mucho miedo y muchas dudas…
Héctor: Pues claro, pero es que para ser valiente hay que tener miedo y superarlo y tú lo has hecho con creces en multitud de ocasiones…además eres la mejor madre para nuestro hijo y si Dios quiere para los futuros hijos que podamos tener…
Asun: ¿De verdad quieres que tengamos más hijos…?
Héctor: Sólo si tú quieres… a mí me encantaría y me gustaría que nos mudáramos a un piso más grande para poder tener más espacio, pero siempre respetaré tu decisión… porque tú eres lo más importante para mí y lo mejor que me ha pasado en la vida y no soportaría volver a perderte… en estos últimos meses lo único que deseaba era volver a tu lado, recuperar tu confianza y ganarme de nuevo tu cariño y tu respeto…
Asun: (acariciando a Héctor) Y lo has demostrado con creces, cariño… me has demostrado que puedo volver a confiar en ti y te has ganado de nuevo mi respeto y mi admiración y eso es mucho más de lo que yo podía esperar hace unos meses… por eso decidí darte esta oportunidad y ya veo que no la has desaprovechado…
Héctor: Ni pienso hacerlo jamás… lucharé por conservar lo que tenemos, lo que hemos construido y seguiremos construyendo juntos, y solo deseo estar contigo el resto de mi vida…
Asun: (emocionada, besa a Héctor) Y yo, Héctor… te quiero mucho…mucho… y ahora nos casaremos y nos iremos de luna de miel a París y encargaremos un hermanito para Jesús, y nos mudaremos a un piso más grande…
Héctor: ¿Y si en vez de un hermanito es una hermanita…?
Asun: (riéndose) Lo que tú quieras, mi amor… lo que tenga que ser será siempre que sea a tu lado… yo tampoco quiero volver a perderte nunca… nunca… sólo me siento segura cuando estoy contigo… y ahora vámonos ya para casa que quiero enseñarte algo importante que te va a gustar… yo también tengo una pequeña sorpresa reservada para ti…
Héctor: ¿De verdad…?
Asun: Claro… pero tendrás que esperar a llegar a casa para poder verlo y disfrutarlo…
Héctor: Lo estoy deseando…

(La feliz pareja vuelve a besarse muy emocionada y posteriormente recogen sus cosas para marcharse a casa y volver a disfrutar juntos de una noche llena de magia y pasión donde ambos volverán a demostrarse lo mucho que se quieren y lo mucho que les queda aún por amarse).


viernes, 25 de julio de 2014

La reconciliacion que todos querriamos ver (Abril 1963)


(Héctor y Asun estuvieron unas semanas viéndose muy asiduamente en casa de Asun ya que Héctor venía todas las mañanas a recoger a Jesús para llevarle al colegio. El niño estaba encantado de poder ver a su padre a diario. Algunas tardes incluso también le recogía el propio Héctor y se lo llevaba a merendar y a jugar al parque. La relación entre Asun y Héctor poco a poco fue normalizándose por el bien del niño y Asun se iba encontrando cada vez más cómoda y segura a la hora de relacionarse con el que había sido su marido).


(Una tarde, Héctor trajo de vuelta a Jesús a casa de Asun como ya había hecho otras veces, subió a casa con el niño y mientras Jesús jugaba en su cuarto, Héctor y Asun charlaban en el salón sobre el niño y también sobre sus respectivos trabajos y sobre ellos mismos. Los dos habían conseguido volver a entenderse y hablar sin discutir, encontrando puntos en común, lo cual hacía su relación cada vez más fluida y animada. Hasta sonreían a veces cuando Héctor contaba alguna anécdota divertida sobre Jesús. Asun estaba encantada del papel que Héctor jugaba como padre, le parecía que Héctor era el mejor padre que un niño pudiera tener y le gustaba mucho poder volver a relacionarse con él como hacían antes en el pasado, de forma distendida, sin fricciones ni discusiones absurdas)

Héctor: Bueno, yo me tengo que ir ya... (mira su reloj) se me hace tarde y ya sabes que en el hostal Manolita es muy rigurosa con el horario de las cenas y le gusta que estemos allí a la hora...
Asun: Claro... ¿te tratan bien ahí en el hostal, verdad...?
Héctor: Muy bien, tu tía me trata como a un miembro más de la familia, siempre me ha tenido mucho cariño, ya lo sabes y si alguna vez llego a cenar un poco más tarde, me deja guardado un plato para calentarlo después...
Asun: (coge del brazo a Héctor) Espera... ¿te quieres quedar a cenar con nosotros...? a Jesús le haría mucha ilusión... y a mí también...
Héctor: (dudando un poco) Sí a ti no te molesta, yo encantado...
Asun: No, no me molesta, al revés, estaré encantada de que te quedes, los dos lo estamos...
Héctor: Muy bien, pues en ese caso llamaré a Manolita para avisarle de que no me guarde la cena...
Asun: Está bien... yo voy a la cocina a preparar las cosas...

(Héctor llama al hostal por teléfono y avisa a Dorita que no le preparen cena ya que no irá al hostal a cenar como de costumbre. Dorita que es muy curiosa interroga a Héctor y al final él se ve obligado a confesar que cenará en casa de Asun con ella y con el niño)



(Asun prepara la cena mientras Héctor ayuda a poner la mesa y va a buscar a Jesús a la habitación para ultimar y recoger los juegos y así sentarse a la mesa a cenar todos juntos como en los viejos tiempos)

(Ya al final de la cena, Héctor acompaña a Jesús a lavarse los dientes y a acostarle en su cama. Asun se acerca a la habitación para dar las buenas noches a su hijo)

Asun: Venga Jesús, cariño, ahora a dormir, que papá te va a contar un cuento muy bonito...
Héctor: Claro que sí campeón... ahora tú y yo vamos a contar una historia de esas que tanto te gustan y papá te va a arropar y a darte un beso de buenas noches...

(Asun deja a Héctor a solas con su hijo mientras ella va a preparar café a la cocina)

(Al cabo de un rato, Jesús ya se ha dormido y Héctor vuelve al salón a recoger sus cosas con intención de marcharse)

Héctor: Ya se ha dormido... me ha costado un poco pero duerme como un angelito...
Asun: (con una sonrisa) Me alegro... ¿no te tomas un café conmigo...? lo acabo de hacer...
Héctor: La verdad es que huele muy bien, y si está recién hecho...
Asun: Pues siéntate que te preparo una taza...

(Asun trae la cafetera y dos tazas y sirve café para los dos, con tan mala suerte que el brazo le hace un extraño y sin querer salpica de café la camisa de Héctor)

Asun: ¡Vaya por Dios...! ¡pero que torpe soy...! trae, déjame que te la lave un poco... no vas a aparecer en el hostal con la camisa así de manchada...
Héctor: No te preocupes mujer, si apenas se nota... además no quiero molestar...
Asun: Tú no molestas... quítate la camisa, anda... voy al cuarto de baño y la doy un poco de agua y jabón con una toalla y estará seca en un periquete... si quieres tómate una copa mientras...
Héctor: Asun, de verdad, que no hace ninguna falta...
Asun: (mirándole) Insisto... no quiero que mi tía piense que vas por ahí en plan descuidado...
Héctor: Está bien...

(Héctor se quita la camisa y se la da a Asun. Mientras Asun se dirige al cuarto de baño, él se sirve una copa. Al cabo de un rato, vuelve Asun con la camisa que ha planchado para secar el cerco de agua que había quedado alrededor de la mancha)

Asun: Ya está... ha quedado perfecta...
Héctor: (sorprendido) ¡Pero si me la has planchado y todo...! de verdad que no hacía ninguna falta...
Asun: Pero yo quería hacerlo... y no me cuesta ningún trabajo... ya puedes ponértela si quieres...

(Asun entrega a Héctor la camisa. Los dos están tan cerca el uno del otro que sin querer sus labios llegan a rozarse por un segundo. Asun mira a Héctor sintiéndose bastante cómoda con ese beso accidental y como si fuera una especie de imán, sus labios vuelven a encontrarse esta vez más profundamente)

Héctor: (deteniéndose) Espera un momento, Asun... creo que nos estamos precipitando... quizá deberíamos ir un poco más despacio, ¿no crees...?
Asun: (mirándole con un brillo especial en sus ojos) Yo no quiero ir más despacio, Héctor... yo lo que quiero es recuperar la vida feliz que teníamos antes los dos juntos... tengo ganas de estar contigo y de sentirte... te necesito a mi lado y te deseo... ¿o es que tú no me deseas a mí...?
Héctor: (con los ojos brillantes y poniendo sus manos sobre la cara de Asun) Pues claro que te deseo... con todas mis ganas y con todas mis fuerzas... en estos momentos no quiero despegarme de ti ni por un segundo...
Asun: Pues entonces hazme el amor, como antes, como siempre... quiero volver a sentirme tan feliz como solía ser...
Héctor: (emocionado) ¿Estás segura de que eso es lo que quieres...?
Asun: (con una sonrisa de emoción) Segurísima... abrázame muy fuerte...
Héctor: Claro... ven, mi amor, mi vida...

(Héctor y Asun se funden en un abrazo larguísimo al que siguen besos y caricias deliciosas que lentamente van compartiendo hasta acabar en la cama de su dormitorio despojándose de todas sus ropas para disfrutar de un apasionado encuentro amoroso que les lleva a recrear tiempos pasados donde esta era la tónica habitual de sus noches de pasión)

(Un poco más tarde, Héctor enciende un cigarrillo y Asun fuma una calada también. Los dos comparten un brillo especial en sus ojos después de lo sucedido entre ellos)

Héctor: ¿Estás bien...?
Asun: Mejor que nunca (sonríe) ¿y tú...?
Héctor: Yo estoy encantado... ahora mismo contigo a mi lado es como si el tiempo se hubiera detenido de alguna manera... estoy empezando a pensar que todo esto ya lo tenías planeado...
Asun: Te prometo que no... yo sólo quería invitarte a cenar... todo lo demás ha sucedido sin más...
Héctor: (sonriendo) Pues aún así yo me alegro de que haya sucedido...
Asun: Y yo... aún estoy en una especie de nube y todavía estoy que no me lo creo...
Héctor: Si quieres puedo pellizcarte para demostrarte que todo lo que ha pasado es real y que no se trata de ningún sueño...
Asun: Mejor puedes hacer otra cosa... vuelve a besarme, lo haces muy bien...
Héctor: (divertido) Si te empeñas...

(Héctor y Asun vuelven a sellar sus labios con un profundo beso)

Asun: No quiero que te vayas... ya no... quédate conmigo esta noche y todas las que vengan... ahora volvemos a ser una familia...
Héctor: Entonces tendré que pasarme mañana por el hostal para cerrar las cuentas con tu tía y recoger mis cosas...
Asun: Yo te acompañaré... bienvenido a casa...
Héctor: Gracias...

(Los dos se sonríen de forma plácida y se recuestan el uno en el otro para pasar el resto de la noche abrazados)